la verdad del caso roswel
El rumor comenzó a circular en el mundillo ufológico en enero de 1995. STEVEN SPIELBERG preparaba una película sobre el incidente de Roswell, a partir de «unas presuntas grabaciones reales» de las autopsias a los tripulantes del platillo volante que se estampó contra la Tierra en el desierto de Nuevo México en 1947 [Canto, 1995]. La fuente original del rumor fue CARL NAGAITIS, miembro de la Asociación Británica para la Investigación Ovni (BUFORA) y autor, junto a PHILIP MANTLE, del libro Ufo abductions, without consent. Aunque la productora de Spielberg desmintió inmediatamente la existencia del proyecto, el inventor de la patraña consiguió su objetivo: llamar la atención del sector más desquiciado de la comunidad ufológica internacional, que todavía no se había recuperado del mazazo recibido tras revelar el Tribunal General de Cuentas de Estados Unidos que los restos hallados hace casi medio siglo en Roswell se correspondían en realidad con los de un globo del proyecto Mogul, un programa secreto para la «detección de la onda expansiva generada por explosiones nucleares soviéticas» [Weaver, 1994]. Ya estaba todo preparado para dar el golpe de gracia.El escenario elegido fue un auditorio del Museo de Londres, donde el 5 de mayo un centenar de personas asistió a la proyección de una cinta de 20 minutos, en la que se veía como supuestos médicos practicaban una necropsia a un cadáver alienígena en lo que parecía ser un quirófano. El productor de televisión RAY SANTILLI envolvió el cebo con el halo de misterio adecuado, incluidos los preceptivos registros para evitar fotografías piratas. El público estaba compuesto por periodistas, potenciales compradores del filme y ufólogos. Y la mayoría cayó en el engañó, pero no KEN JEFFREY, del grupo creyente Iniciativa Internacional por Roswell (IRI), que tras ver la filmación no tenía «ninguna duda» acerca del carácter fraudulento de la película [Jeffrey, 1995]. Aún así, el productor de televisión siguió adelante con su estrategia y quince días después repitió la maniobra en San Marino, en un congreso ufológico al que acudieron los autores más sensacionalistas del viejo continente. En esta ocasión, los expertos pudieron ver 6 minutos del examen médico del cuerpo de un extraterrestre en el interior de una tienda de campaña.
Santilli, de 39 años y propietario de la empresa Merlin Communications Ltd., aseguraba que había tenido conocimiento de la existencia del filme dos años antes, cuando viajó a EE UU para hacerse con material con el que producir un vídeo sobre ELVIS PRESLEY. Durante su periplo americano, el productor conoció a un anciano de 82 años, un tal JACK BARNETT, que había sido cámara de la Fuerza Aérea y decía disponer de 91 minutos de película que demostraban que seres de otros planetas visitan la Tierra y el Gobierno estadounidense ha estado ocultando la verdad a la opinión pública durante casi medio siglo. El filme, rodado en 16 milímetros, estaba repartido en 13 rollos de 7 minutos de duración y contenía imágenes de la recuperación del platillo volante en el lugar de los hechos, del examen médico realizado a un tripulante en una tienda de campaña, de las autopsias practicadas a los extraterrestres en Fort Worth y de una visita del presidente HARRY TRUMAN a la base militar donde se custodiaban los restos de los alienígenas.
Según la primera versión de los hechos facilitada por Santilli, el cámara había sido en su día lo suficientemente astuto como para sacar una copia del material, burlar los controles de seguridad militares y mantener el filme a buen recaudo durante casi cinco decenios. Tras pagar al ex militar unos 18 millones de pesetas, Santilli se hizo con los rollos de película con la condición de no revelar el nombre del vendedor. Aunque no había ninguna prueba de que la filmación fuera auténtica y el productor de televisión ofrecía información con cuentagotas, los ufólogos se tragaron el anzuelo y varias cadenas de televisión se mostraron interesadas por hacerse con el documental que Santilli iba a realizar con fragmentos de la cinta original. El productor, que había fijado el estreno mundial de su montaje para el 27 de agosto, recibió al parecer una espectacular oferta de la televisión israelí, que estaba dispuesta a pagar hasta 975 millones de pesetas por la exclusiva de la película. Al final, se vendieron los derechos de emisión en cada país a una televisión distinta con lo que Santilli se aseguró pingües beneficios, ya que sólo en EE UU la cadena Fox Network engrosó las arcas de Merlin Communications Ltd. en cerca de 200 millones de pesetas.
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